Están por crucificar a Jesús y yo estoy escuchando Abbey Road (mi disco favorito de The Beatles) y tomando una certeza fría (perdón, cerveza, certezas no vendía el almacenero) en una casa vacía y ajena (esto me parece al menos poético), no tenía ganas de jugar al Play Station (R) (ya me aburrió) así que me senté a pensar en que mañana matan al hijo de Dios, el cordero enviado para sacrificarse y así lavar nuestros pecados y a nosotros lo único que se nos ocurre es no comer carne roja, miro hacia afuera y no veo a nadie mortificándose física o moralmente por ese sacrificio sin duda desmedido (como todas las acciones del supremo).
Me sirvo otro vaso de cerveza y pongo el Revolver, el pique de bajo de Paul en "Taxman" me pone a mover los hombros y teclear al ritmo de Ringo, el solo está bastante bueno, un poco de pentatónica y alguna escala de las que tanto usa George, el corito "taxmaaaan" es bueno y John tiene con qué. Cuando empieza "Eleanor Rigby" ya estoy copado con los arreglos de cuerdas que se vienen pero entonces me vuelvo a acordar de lo estúpidas y vacías que son las fiestas y conmemoraciones religiosas (o no) occidentales, nunca le damos bola a que se rememora y por eso este domingo en vez de celebrar la resurrección de Cristo y comprender lo sagrado de su mensaje de paz y amor vamos a comer unos huevos de chocolate de doscientos pesos y cagarnos en el pichi que tiene que revisar en nuestra basura para llevarle a sus hijos un huevo de cincuenta pesos (no se crean que se pone en duda la banalidad de esta fiesta, no, el también está alienado).
Otro vaso más y hago como que brindo con mi amiga que recién llegó a otra ciudad, ayer (mientras aún estaba en Montevideo) hablamos con ella de lo difícil que es salirnos de los roles que nos impone nuestro marco de prejuicios y comprobamos mediante la empiria que a pesar de lo que parece yo soy más vivencial y básico que ella, interesante. La cerveza fría (la mantengo fría mediante un extraño artefacto con espumaplast que encontré en esta casa ajena) no molesta a pesar de que la noche está bastante fresca y estoy cerca del mar, me pongo a releer lo que acabo de escribir y noto un aire melancólico y me gusta, también brindo con mi amigo Grandiroli por su minimalismo urbano y con mi también amigo don Ruy y su existensialismo.
Es raro, Montevideo es una ciudad que puede ser por momentos odiosas pero nos da estas noches a dos cuadras del mar mirando un cielo estrellado (el shopping que está a cinco cuadras molesta pero no tanto) respirando la brisa con un leve olor a sal (eso es algo que siempre me encantó de Montevideo) y una vez más tomando una cervecita fria, es algo que en NY no hay, chupen!!!!