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viernes, 28 de junio de 2013

La democracia como mueca

  Como todo el mundo debe saber, ayer (27 de junio) se cumplieron 40 años del golpe de estado de 1973. Como era esperable ello levantó los ánimos de casi todo el bienpensantismo llenando la prensa, la tele, la radio, internet y hasta la calle de mensajes celebratorios de la democracia. Pero ¿cuál es el estatuto de la democracia pregonada?
  El carácter heterogéneo de las formas coincidía con el carácter homogéneo de los mensajes, siempre se hacía referencia al golpe como el momento nefasto en el que empiezan los problemas institucionales, sociales y humanos y solo en contadas ocasiones (solo se me ocurre Brecha pero debe haber alguna más) se dijo lo que todos deberíamos saber, que el golpe no fue sino la instituccionalización de una violencia terrorista que venía desde el gobierno de Pacheco y a la vez la culminación definitiva de la lucha social de aquellos que llevaban siendo reprimidos al menos desde el primer colegiado (1952).
  Entonces, el golpe es referenciado como un suceso puntual, como un acto barbárico de un mal presidente y un mal gobierno y no como el desenlace casi necesario de un proceso que involucraba a los gobiernos, al empresariado urbano y rural y a las embajadas de varias de las potencias extranjeras y regionales[1].
  Esta caricaturización llega a su extremo con una publicidad de prensa de Antel que reza "Más comunicación, más libertad, mejor democracia". La primer ridiculez es que una publicidad exclusivamente comercial utilice a la democracia como su fuerza de argumento, segundo que una empresa (por más pública que sea) sea la celebradora de la democracia y por último la inverosimil sucesión de enunciados que olvida que la comunicación fue el pilar de los gobiernos fascistas de la Europa de entreguerras.

  La democracia es tomada entonces como un imperativo categórico kantiano, un universal que se impone por encima de todos los particulares. Pero, tal como bien nos acota Hegel, detrás de ese universal bien pueden esconderse los más peligrosos objetivos particulares, ¿o no fue en defensa de la democracia que el gobierno cívico-militar impulsó la reforma constitucional en 1980? ¿no fue en defensa de la instituciones que Pacheco Areco comienza con el terrorismo de estado matando a unos jóvenes que solicitaban lo que hoy es un derecho indiscutible [2]? y finalmente ¿no es en defensa de las instituciones amenazadas por los partidos políticos corruptos que se da el golpe del 27 de junio de 1973?
  Más alla de esta mueca particular, la sociedad uruguaya no entiende a la democracia sino como una mueca, como una pose que hacemos para que nos vean pero que en realidad no tiene ninguna sustancia ya que la desinstitucionalización en la clave de nuestra sociedad.
  Creo que al respecto, la principal muestra es lo que sucede con los delitos cometidos durante el terrorismo de estado.

  En un primer momento se instauró la necesidad (aparentemente histórica[3]) de imposibilitar cualquier acción de la justicia militar, penal y civil respoecto a lo acontecido durante ese período. Esto se hizo de tres modos, uno político (el pacto del Club Naval que transaba la libertad de personas que habían sido detenidas sin haber cometido delitos por una larga lista de garantías a los delincuentes del terrorimo de estado a la vez que continuaba su proyecto económico y social[4]), uno corporativista (la orden implícita de no investigar lo delitos cometidos) y otro legislativo (la ley de caducidad de la pretención punitiva del Estado a la que llamaré de impunidad). Mediante esta triple atadura se lograba, según sus impulsores y defensores, fortalecer la democracia futura mediante la supresión de la democracia presente, es decir, se negaba el principio de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley como única manera posible de asegurar que en el futuro así sea.
  Estre argumento (llevado adelante por los partidos históricos casi en su integridad) no solo era falaz sino que además era tremendamente peligroso ya que sentaba el precedente de que, ante la amenaza de un mal cualquiera y en defensa de la libertad y la democracia, el Estado o algún otro representante de las clases dominantes podía arrasar con la libertad, la democracia y la vida a condición de que luego devolviera todo a la situación formal anterior.
  Esta fue la primer negación de la democracia en pos de la defensa de la democracia.

  Cuando hubo un intento por romper con estas ataduras, o al menos con la legal, la masa acudió a votar y fortalecer así con su mueca democrática esta eliminación de la democracia, entonces, con una esquizofrenia propia del Arkham Asylum, el sistema político e ideológico uruguayo asumieron que la negación sistemática de la democracia y la vida era un principio democrático.

  Esta situación se mantuvo durante mucho tiempo, a tal punto que no fue sino hasta el gobierno de Tabaré Vázquez que por primera vez se rompió (a medias) la atadura corporativa y se empezó a investigar acerca de los delitos más flagrantes. También fue en esa época en la que el Poder Judicial rompió (también solo en parte) las ataduras corporativa y legislativa al declarar inconstitucional la ley de impunidad y abrir la puerta a que hayan ciertas investigaciones al respecto.
  Pero el paso más importante lo llevó adelante el sindicalismo que, casi en solatario hasta último momento, comenzó la recolección de firmas para impulsar un plebiscito que declarara que la ley de impunidad no podía existir, no derogarla sino eliminarla para siempre de nuestro marco legal dejando bien claro que la primera de las negaciones de la democracia no era aceptables.
  Pero, otra vez, la democracia le ganó a la democracia y el pacto de negación ezquizofrénica se mantuvo.

  Más tarde, con un agónico destello de dignidad y apretado por un lineazo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Frente Amplio se dispone a contrarestar los principios jurídicos de la ley de impunidad. Pero el estatus quo se personifica en el presidente que, mediante su lacayo, devuelve las cosas al estado de negación democrática.

  Finalmente, hace unos meses, el máximo órgano de la justicia uruguaya decide, en varias instancias y con alevosía, que esta esquizofrenia democrática es válida y que por lo tanto no se debería seguir adelante con las investigaciones sobre los delitos cometidos en el marco del terrorismo de estado, la justicia legitima (en un verdadero acto de habla performático) el reinado de la injusticia. Ante esta situación, varias personas manifiestan su descontento de diferentes maneras, ocupando el edificio del órgano, manifestando en la puesta, mediante caceroleos, etc.
  Al igual que en la Suprema Corte de Justicia, en filas de los propulsores originales de la esquizofrenia, el rechazo a la medida de la corporación judicial es tomada con alarma, se dice que se está atacando la institucionalidad democrática del pais, se dice que es una actitud antidemocrática. Se lee entonces, que la verdadera conducta democrática de los adalides de la libertad (lease Sanguinetti quien fue ministro de los dos presidentes del período institucional del terrorismo de estado) no es sino la negación de la vida (en tanto defensa de la táctica antiizquierdista homicida del terrorismo de estado), la negación de la libertad en su acepción vulgar[5] (en tanto defensa de la sistematización del encarcelamiento de los opositores), la negación de la institucionalidad (en tanto negación ahistórica de la necesidad de comprender las causas del terrorismo de estado), antipacifista (en tanto negación sistemática del otro imponiendo una paz conveniente a determinados intereses) y finalmente, la negación de la democracia (en tanto legitimación de una ordenanza que suprime la igualdad formal de los hombres ante la justicia), y todo en defensa de la democracia, la paz, la institucionalidad, la libertad y la vida.

  He aquí la máxima señal de la demencia senil de nuestra institucionalidad, en su agonía, una sociedad en vías de desintegración reclama el respeto a la democracia, a la justicia, a la vida mientras lo único que es capaz de hacer es negarlas sistemáticamente, no solo a aquellos que ya sufrieron esta arbitrariedad, sino también, y aun más importante, a quienes el futuro pagarán las consecuencias de la institucionalización del terrorismo de estado y la naturalización de las políticas sociales y económicas para las que fue concebido.


Notas
[1] En este sentido es fundamental recordar la importancia de la dictadura brasileña en el proceso de institucionalización del terrorismo de estado.
[2] No hay que olvidarse que la primer víctima del terrorismo de estado fue un joven que participaba en una manifestación por el boleto estudiantil, Liber Arce, muerto en un muy democrático 1968.
[3] Es interesante que aquellos que justificaron el terrorismo de estado porque era una defensa contra el marxismo luego dijeran que en determinadas condiciones hay cosas que se hacen históricamente necesarias.
[4] La cuestión tupamara no fue parte del pacto del Club Naval, este aseguraba la liberación del resto de los presos políticos, presos políticos que habían sido detenidos por militancia política o sindical e incluso por prestar ayuda a organizaciones políticas o sindicales no militarizadas.
[5] El concepto de libertad es un poco más complejo que la acepción vulgar pero bien se puede trabajar a partir de ella.

sábado, 8 de junio de 2013

Acerca de la razón, la moral y la violencia

  Hace cerca de dos meses, Gabriel Delacoste publicó una nota en la que comenta a otra nota (o algo así[1]) en la que un tipo rapea una serie de cosas, que no pueden ser denominadas argumento, en contra de la violencia y la defensa, mediante la violencia coactiva o cohersitiva, de valores morales. No voy a esgrimir un argumento en defensa de Delacoste ya que creo que él lo hizo bastante bien en su nota, pero si voy a discutir sobre algunos aspectos en los que creo que el señor Santullo ha hecho gala de su progresismo naif y burgués, y juro que esto no tiene nada que ver con ningún artículo anterior.

La razón y la sinrazón

Al comienzo de la nota, Santullo plantea lo siguiente:
"Una característica bastante evidente de los debates mediáticos mas recientes es la inmediata aparición de la reacción pasional como argumento como elemento de peso y sobre todo como autoridad moral que se levanta, total, por encima de datos, razones, otros argumentos y otras opiniones y que anula con su propia esencia la posibilidad de dialogar y eventualmente convivir con la diferencia"[2].
El sueño de la razón produce monstruos - Goya
  Santullo comienza con una crítica a la acción emocional, a la reivindicación en primera persona, inicialmente la plantea en el marco de algunas reivindicaciones bastante estúpidas y acierta en la crítica a la indignación fácil que tanto le está brotando a los uruguayos[3]. Hasta ahí podríamos bancarle la crítica.
  Pero esa mirada tiene un segundo filo que es el que más me preocupa. Santulo está escribiendo (o rapeando) desde una posición en la que lo hemos visto varias veces, la posición del observador imparcial, desde el lugar de alguien que está por fuera de las posturas contrapuestas y en conflicto, de alguien que, mediante la razón, juzga a ambos bandos sin una mácula. Santullo pretende ser, entonces, un sujeto ético Kantiano ideal, un sujeto antidialéctico, con una pretensión ética tan universal que no pueda ser contrastada con ningún aspecto del mundo empírico y como tal (siguiendo a Hegel), plausible de legitimar mediante una abstracción radical cualquier principio particular.
  Santullo adopta (calculo que sin darse cuenta) la lógica Kantiana del imperativo categórico (un enunciado moral de valor universal) al postular que la no-violencia y la racionalidad son un mandato moral universal sin plantearse en ningún momento discutir qué son la no-violencia y la racionalidad. Pero, retomando a Hegel (y también a Aristóteles), esos propios conceptos no son sino definiciones enmarcadas en un contexto social, podríamos decir que son objetivaciones universalistas de definiciones particulares.
  Entonces, Santullo acepta conceptos de no-violencia y racionalidad particulares y propios de una lógica bien empírica, los universaliza y luego, desde una pretensión ética universal, juzga a quienes adoptan una postura y luchan por defenderla.

Mayorías y minorías morales
  En otro momento, Santullo dice que parece estar surgiendo una nueva mayoría moral:
Y cuidado con que a alguien le diera por comentar algo que no estuviera encuadrado dentro de lo que la nueva mayoría moral consideraba correcto y justo. Una "mayoría" que, convengamos, no es tal si no solo el grupo de personas que tiene acceso a los medios al estado, a formar opinión publica, en definitiva, cercanía o acceso al poder.
  En primer lugar debo felicitar a Santullo por darse cuenta que los grandes valores morales de las sociedades no son sino los valores morales propios de minorías que "tiene {n} acceso a los medios del estado, a formar opinión pública, en definitiva, cercanía o acceso al poder". Claro Santullo, eso es lo que se llama ejercicio de la hegemonía, la imposición consensuada de los conjuntos de valores de los sectores dominantes en los dominados mediante los órganos de la hegemonía (Gramsci) o Aparatos ideológicos del estado (Althusser), generalmente órganos legalmente privados pero que pertenecen a un aparataje claramente vinculado con el poder social. Claro, de lo que no se da cuenta Santullo es que, así como Andrés Scagliola o Victoria Rodríguez, él mismo es parte de esos órganos de la hegemonía, él es un personaje que debido a cierto capital social (ya que sus cualidades como sociólogo no han de ser la razón) accedió a una columna en uno de los principales portales del Uruguay y que desde allí discute con otros miembros de la misma intelectualidad orgánica del capitalismo progre.
Vean The People vs. Larry Flynt

  También considero interesante la apelación al concepto de "mayoría moral", la mayoría moral fue un movimiento protestante, conservador y de derecha que consideraba que prácticas como la homosexualidad o el sexo fuera del matrimonio eran prácticas contrarias a la voluntad de Dios.
  Y es que realmente los grupos de militantes por los llamados "nuevos derechos" son un grupo de presión que, en defensa de ciertos valores morales desvinculados de la filosofía política y, aprovechando su cercanía estratégica, presionan al poder político y gubernamental para que se instauren nuevas normas y a la sociedad para que acepte nuevos valores.
  En ese sentido tiene razón Santullo cuando dice que:
Supongo que una de las razones para que la "autoridad moral" sea considerada el argumento final, es decir, el que exime de razonar las situaciones, sea lo fácil que es acceder a ella: cualquiera puede indignarse y tomar partido, cualquiera puede golpearse el pecho y declararse malherido por un acto que cree injusto.
  Pero su posición no es menos fácil, la suya es la posición de la doxa[4], la del sentido común conservador, ese sentido común que fluye por las sociedades como una baho de conformismo autocomplaciente según el cual hay que defender los derechos de la mayoría silenciosa, que se indigna cuando los trabajadores paran pero no de las condiciones laborales, que se indigna de las malas políticas sociales pero no de las condiciones materiales de existencia que llevan a la exclusión[5], la misma mayoría silenciosa que grita "que se vayan todos" cuando un gobierno particular (y no toda la política) derrumba al país con políticas económicas nefastas pero que, cuando en la cresta de la onda monetarista puede enroscarse en la ola de consumo que volverá a llevar a la crisis, manda a callar a quienes dicen que esta rosca va a generar una nueva crisis.

Sobre la violencia justa y la no-violencia cómplice

  Pero el núcleo duro de la argumentación está sobre el final, cuando empieza a hablar acerca de la muerte de Hugo Chávez:
Y finalmente ante la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez hizo su aparición un nuevo escalón: la reivindicación directa de la "violencia" de los buenos. A saber, que la idea de que apretar, escrachar o si se tercia, asesinar a unos cuantos vecinos no solo es deseable y necesaria si no que debe hacerse con orgullo, mostrando nombre y apellido ya que esa violencia es "justa" y esos vecinos, seguramente, se lo tienen merecido. Es decir, si el capitalismo es tan malo que produce monstruos anónimos como "el mercado" entonces es justo que nosotros, los revolucionarios (y Chávez habría sido "el primero de nosotros"), impulsemos nuestros propios monstruos, llevados en andas por la "necesidad de la historia" o alguna otra tontería ideológica pseudo científica, igualmente imposible de contrastar pero, eso si, de color rojo sangre y muy emocional.
  Pues aquí la cosa se torna más complicada ya que Santullo pasa de ser un progre pedorro a un gorila dinosauresco.

Violentos y violencia

  Chávez fue el presidente que más elecciones ganó en la historia de las democracias liberales burguesas, y no incluyo los plebiscitos constitucionales, me refiero a todas las veces que ganó las elecciones presidenciales o los plebiscitos revocatorios por lo que no viene a lugar ninguna crítica que se le pueda hacer en tanto totalitarismo que no le caiga también a cualquier otro presidente elegido mediante mecanismos semejantes (incluido el nuestro).
  Tampoco nunca mató o mandó matar a nadie, se mantuvo siempre opuesto a la pena de muerte y, contrariamente a lo que parece sugerir Santullo, tampoco ha obrado nunca con una violencia ajena a sus funciones presidenciales, y si Santullo considera que la violencia que ejerció en cumplimiento con sus obligaciones es mancha suficiente para considerarlo un violento, entonces debería denunciar a todos los presidentes, legisladores y jerarcas de cualquier tipo del mundo. Ejercer un cargo estatal es, en una gran medida, ejercer algún tipo de violencia, sea esta "apretar, escrachar o si se tercia, asesinar" y si a Santullo eso no le gusta pues entonces debería, como bien dice Delacoste, hacerse anarquista o asceta cristiano, y ninguna de esas dos cosas se hacen desde un púlpito virtual de periodismo progre o un proyecto musical para chetos.
  Ante la evidente falacia del comienzo del párrafo bien podríamos, simplemente, dejar de leer, pero no, sigamos leyendo y veamos qué más nos trae este muchacho.

Chávez y la violencia en Venezuela

  Es verdad que Chávez intentó dar un golpe de estado para derrocar a uno de los tantos malos presidentes que han gobernado Venezuela, Carlos Andrés Pérez, quien en los setenta había sido un presidente desarrollista y que vuelve a fin de los ochenta totalmente convertido en adalid de las políticas neoliberales. Además de sus nefastas medidas macroeconómicas, Pérez fue quien comandó a sus fuerzas armadas en el llamado Caracazo donde las fuerzas militares estatales mataron a cerca de trescientas personas que se manifestaban en contra del gobierno.
  Por lo tanto, Chávez intentó dar un golpe de estado para derrocar a un presidente que perfectamente podría ser llamado asesino, por lo que su acto bien podría ser considerado una acción humanitaria antiviolencia, si además tenemos en cuenta que el golpe solo tuvo víctimas militares (las fuentes cercanas a Pérez indican que son catorce pero esto nunca se aclaró) y que, ante la derrota en la capital, Chávez mandó a quienes segían combatiendo en el interior que dejaran de hacerlo, podríamos decir que el suyo fue un golpe bastante civilizado.

  Luego de eso Chávez utilizó las leyes votadas en el parlamento y respaldadas por los votantes para expropiar (con pago compensatorio) empresas o emprendimientos que habían sido privatizados o concedidos de manera fraudulenta o que eran valiosos recursos que los capitales mantenían improductivos, tal fue el caso de unos tres millones de hectáreas de latifundios, varios procesadores de crudo de compañías estadounidenses o europeas, varias instituciones financieras que no reinvertían dividendos en financiación de proyectos productivos en el país, la principal empresa de telecomunicaciones del país, las principales compañías de electricidad y varias industrias pesadas que estaban siendo desmanteladas.
  Todo eso Chávez lo hizo con el expreso propósito de redireccionar la economía a direcciones menos violentas, y es que el mercado (ese monstruo denunciado pero tolerado por Santullo) había llevado a la mitad de los venezolanos a la pobreza y a un quinto a la extrema pobreza y, si bien es cierto que su política económica no fue realmente socialista, logró realmente mejorar los indicadores sociales y sobre todo las condiciones de vida de los venezolanos, es decir, combatió la violencia del capital.

  Chávez también cerró algunos medios masivos, medios que, además de utilizar un recurso patrimonio de la humanidad y administrado por los estados mediante licencias (que como en Uruguay son precarias y permanentes), habían participado directamente en un golpe de estado contra su gobierno. Sin contar claro que estos medios (al igual que los nuestros) consideran que las ondas radioeléctricas que usufructan como peremisarios les pertenecen, tal vez ahí Santullo haya visto violencia, y claro que la hay, hay una violencia orientada al castigo a la desviación de la conducta establecida socialmente, tal como la violencia que se produce cuando un asesino es llevado a la carcel. Así que en realidad, lo que hizo Chavez no fue sino el ejercicio activo de las potestades y obligaciones para las que un presidente está constitucionalmente designado. Otra vez, si a Santullo le molesta Chavez que se queje de las democracias del mundo.

La violencia y su legitimación

  Y si agluna vez Chávez, o algún otro, ha utilizado la violencia (en cualquiera de sus formas), la clave no es mirarlo desde una perspectiva universalista, desde una mirada de "imperativos categóricos", sino desde una mirada pragmática.
  La vida en sociedad es violenta, eso que se llamó contrato social no es sino un conjunto de acuardos restrictivos que castigan cualquier desvío con violencia, en muchos casos física. Las leyes y los propios acuerdos no formales de convivencia no son sino marcos restrictivos que me impiden hacer ciertas cosas que puedo querer hacer con el objetivo de hacer posible la convivencia y evitar que ante cualquier contraposición de intereses me termine agarrando a las piñas con el vecino. Por lo tanto, vivir en sociedad no es sino una restricción de nuestras libertades individuales, condición necesaria para la convivencia.
  Si a su vez el estado no es más que otro acuerdo que realizamos para delegar en una institución consensuada el monopolio del uso de la fuerza, entonces la vida en sociedad no es sino la renuncia a ciertas libertades individuales y la cesión del derecho al uso de la fuerza a una institución colectiva con el fin de posibilitar la vida en colectivo en el marco de sociedades heterogeneas que, de otro modo, estarían condenadas a la constante lucha, en muchos casos violenta, para decidir cada acción social que no fuera consensuada[6].
  De esta manera, la única forma del ser humano de vivir en un marco de no violencia es convertirse en un asceta que viva alejado de la sociedad. Pero no creo que Santullo se refiera a esto con "no-violencia", creo que más bien está adoptando una definición de "no-violencia" heredera de la tradición liberal según la cual solo es violencia aquello que atente contra el status quo de una sociedad mientras que la violencia ya establecida no es sino el normal funcionamiento armónico y estable de la sociedad.

La violencia justa y necesaria

  Pero además, Santullo se olvida de que cualquier logro social de la humanidad, desde la independencia de los países latinamericanos hasta el matrimonio igualitario, se logró mediante el apriete, el escrache o la violencia física (equivalente al mal uso que Santullo hace del término "asesinar"). Santullo se olvida que en todo cambio social hay un grupo que se resiste a los cambios (en muchos casos los mismos que provocaron los cambios anteriores) y que están dispuestos a ciertos niveles de violencia para defender su statu quo, y que ante esta resistencia natural de las sociedades, los que lideran la corriente reformista o revolucionaria pueden o bien asumir su incapacidad histórica para generar los cambios o bien ejercer algún nivel de violencia, sea esta presionar o hacer lobby con parlamentarios y dirigentes de algunos sectores partidarios para que aprueban una ley o bien tomar las armas y luchar contra aquel al que consideren opresor.
  Oponerse a esta violencia reformadora o revolucionaria no es sino defender la violencia conservadora del statu quo, y defender el statu quo democrático liberal por encima de las necesidades fisiológicas y sociales del ser humano[7] es, disculpe King Kong, de gorila.

La necesidad histórica y la pseudociencia

  No me extraña que Santullo no sea marxista, más aun, me extrañaría que lo fuera. Por eso no me parece raro que coloque al concepto de "necesidads histórica" como "tontería ideológica pseudo científica, (...) imposible de contrastar pero, eso si, de color rojo sangre y muy emocional".  Pero si discutiré sus conceptos de "tontería", "ideología" y "pseudociencia" que Santullo propone como elementos negativos.
  Primero, la RAE define tontería de la siguiente manera: "1. f. Cualidad de tonto. 2. f. Dicho o hecho tonto. 3. f. Dicho o hecho sin importancia. 4. f. Cosa de poca entidad o importancia." El caracter recursivo de las dos primera asepciones nos dirige directamente a las otras dos. Por lo que se ve, Santullo considera que la eliminación de la lógica del capital y sus consecuencias (exclusión como consecuencia de la acumulación, producción devastadora de los recursos naturales, etc), que él mismo acepta que existen, es una cosa de poca importancia, al parecer, la preservación de la vida en la tierra (condenada a desaparecer en los próximos siglo si se mantiene la actual estructura productiva y energética) es un asunto de poca importancia. Pues lo que pasa, es que la eliminación del capitalismo no es necesaria por un orden teleológico de la historia que orienta los actos humanos y sociales a un orden definitvo sino por que de lo contrario no habrá más humanidad.
  Por otro lado, desde la definición de ideología que utiliza Santullo, la necesidad histórica es ideológica, pero no lo son menos la democracia liberal, la selección uruguaya o sus concepto de no-violencia, con la única diferencia de que la necesidad histórica es explícitamente un concepto ideológico mientras que la democracia liberal burgesa y la libertad defendida por él es solo una de las posibles libertades (todas definidas ideológicamente) y los conceptos supuestamente científicos de las ciencias sociales (desarrollo, inflación, multiculturalismo) también lo son, pero se presentan como si fueran verdades ónticas.
  Finalmente, Santullo refiere a la pseudociencia, pero en sí todas las ciencias sociales son epistemológicamente pseudocientíficas por varias razones, más adelante trabajaré sobre esto pero una de ellas es que son disciplinas donde no existe una base axiológica definida y consensuada sino que existen varios paradigmas en conflicto. La diferencia entre Delacoste y Santullo es que Delacoste sabe que el materialismo histórico es una forma de entender la sociedad mientras que Santullo no se da cuenta que el estructural-funcionalismo al que la academia suele denominar "científico" no es más exacto que los otros modelos explicativos, de hecho, la demostración estadística contradice la Relación de Incertidumbre de Heisenberg ya que coloca en la observación "objetiva" todo el peso de la demostración sin tener en cuenta que la construcción de las herramientas, la medición y el posterior análisis de los datos construyen en gran medida el objeto estudiado.

A modo de conclusión, Santullo y la fiesta

   Entonces, así como Santullo denuncia el apasionamiento que se adueña de la política, bien podríamos denunciar su frigidez, su incapacidad para comprometerse políticamente. Pero claro que esta denuncia no debe ser entendida en tanto acto de defensa de la acción iracional sino en tanto que defensa de la acción comprometida en contra de una supuesta objetividad y equidistancia que no es más que la consecuencia natural de la genuflexia epistemológica tan afín a los profesionales de la tecnocracia, genuflexia epistemológica que lleva a pensar que aquellas condiciones que están dadas actualmente son naturales y necesarias y por este statu quo conceptual se justifica la defensa irrestricta de las actuales condiciones objetivas, sean cuales sean sus consecuencias sociales.
   Y esa frigidez, ese estancamiento conceptual de la vida social con su implícita legitimación de la objetividad de juicio (por cierto, una ptraña) es la principal arma contrarrevolucionaria, pues a fín de cuentas, "las revoluciones proletarias serán fiestas o no serán, porque la vida misma que anuncian será creada bajo el signo de la fiesta. El juego es la racionalidad última de esta fiesta; susúnicas reglas, vivir sin tiempo muerto  gozar sin límites."[8]



Notas
[1] Pareciera que Santullo (al igual que los posproductores de Prohibido pensar) creen que la gente no se va a interesar por un hilo conceptual y por eso hace un rapeo, bastante mediocre por cierto. Algún día tal vez haga una nota sobre esto desde una perspectiva McLuhaniana.
[2] Por razones éticas y estéticas citaré a Santullo en prosa y no en ese paupérrimo verso en que publica.
[3] Ya hice una mensión a esto en este artículo.
[4] Este planteo de la mirada dóxica me lo hizo ver luliexperiment.
[5] En ese sentido me parece sumamente patente el caracter de clase media conservadora que se ve en el enunciado "Ya ahí la pasión, la superioridad moral que se le supone a la "bondad" de la medida le pasó completamente por arriba a los argumentos, al debate franco y honesto que recordaba que en lo publico el trabajador existe para el puesto y no al revés" donde se ve una mirada sobre el funcionariado público tan conservadora que marea.
[6] Baste con recordar lo que pasó en los balcanes cuando el consenso alrededor de la Yugoslavia de Tito se disolvió y la paz que habían mantenido durante años naciones que se habían peleado durante miles de años terminó.
[7] Prefiero este término al de "derechos humanos", el concepto de derechos humanos es heredero de la tradición burguesa e implica una dimensión de posibilidad, es posible que un humano tenga estos derechos pero no es necesario. La idea de necesidad implica que sin ellas el ser humano no es tal por lo que, mientras la idea de derechos humanos implica una cuestión legal, la de necesidades implica una cuestión ontológica.
[8] Guy Debord, Sobre la miseria estudiantil.

lunes, 25 de febrero de 2013

Dialéctica de la concentración

   Hoy lunes 25 de febrero se realizará una concentración en la Plaza Libertad en repudio a dos decisiones de la Suprema Corte de Justicia, estas son el "traslado" de la Jueza Mariana Mota y la declaración de inconstitucionalidad de la ley 18.831 que recuperaba la pretención punitiva del estado. Además, el Frente Amplio (uno de los convocantes a la marcha) podría patrocinar un juicio político a la corte por considerar que actuó mal en el traslado de Mota.
   Yo voy a ir a la concentración, no por la convocatoria del Frente sino porque considero que la Suprema Corte de Justicia es por definición un órgano de la burguesía y sus testaferros (voy a publicar algo sobre esto pronto) y quiero manifestar mi repudio (aunque no creo que les importe).
   A mi no me preocupa tanto que los responsables materiales del terrorismo de estado sean castigados, preferiría que los sean sus autores intelectuales (de Kissinger y Milton Friedman a Sanguinetti y Vegh Villegas), pero si me parece un mal signo que nuestra sociedad no sea capaz de eliminar una normativa que prefigura la posibilidad de que en otro momento, un grupo de personas vuelva a recurrir al terrorismo de estado para imponer políticas externas (ver artículo anterior).
   Pero también quiero discutir algunas cosas sobre el asunto, sobre todo porque estos temas se terminan discutiendo en una lógica de bandos y se pierde la mirada dialéctica.

La Suprema Corte de Justicia y la independencia de poderes

   Un principio fundamental en que basa el estado de derecho (léase el estado burgués), es en la separación de poderes, esa separación de poderes permite a los diferentes órganos del sistema actuar con autonomía del resto del sistema político y también, y sobre todo, que cuando un órgano se desvía de la poiesis (organización) del sistema, los otros órganos y el aparataje paraestatal (los medios masivos, los partidos políticos, el ejército, las patronales, etc.) se encargan de estabilizar el sistema devolviéndole su estasis (estado) original.
   Así, cuando un órgano se separa de la conducta apropiada, sea esto por corrupción, amiguismo o principios, los otros órganos actúan rápidamente para defender el status quo del sistema liberal burgués.
   Por lo tanto, no hay que entender la independencia de poderes como una herramienta que desvincula las decisiones de cada poder de las de los demás sino como una función que las vincula al interés del sistema estatal[1].
   Entonces, tanto quienes dicen que las decisiones de la corte obedecen a las presiones que la corporación ha recibido de algunos sectores poderosos como quienes las defienden al decir que la corte está actuando con independencia de poderes, tienen razón, porque el verdadero funcionamiento correcto de la corte es no dejarse presionar por los otros poderes del estado y obedecer ciegamente el status quo del sistema social.
   En este marco, actitudes como las de la jueza Mariana Mota o el fiscal Ricardo Perciballe deben ser consideradas como desviadas y por lo tanto castigadas, no tanto como castigo a estos individuos (aunque en el caso de Perciballe ha de haber sido muy importante salvar el pellejo de varios actores políticos) sino más bien como disciplinamiento a los otros individuos.

El Frente Amplio y la pretensión punitiva

   La ley 18.831 es el desenlace de una historia bastante nefasta, descontento con el resultado del mal planificado y peor defendido plebiscito por la anulación de la ley 15.848 (llamada ley de caducidad), el Frente Amplio se da cuenta que si no hacía algo efectivo para terminar con la ley le sucederían dos cosas que no quería, por un lado, que la comunidad internacional (otro instrumento defensor del status quo) condenara a su gobierno por entorpecer las investigaciones sobre el terrorismo de estado y por otro, que gran parte de su electorado se desencantara aun más con su gobierno. Por ello se embarcan en la redacción de una ley bastante mal armada que recuperara la pretensión punitiva del estado.
   El proceso de la ley fue patético, a las críticas evidentes de la derecha tradicional se sumó el recelo de parte de algunos dirigentes frenteamplistas de votar esta ley, sea porque violentaría la "voluntad popular expresada en las urnas"[2] (cosa respetable) o porque en realidad no les interesaba que la pretensión fuera restaurada como en el caso del actual ministro Fernández Huidobro, quien no solo se manifestó contrario a la anulación de la ley mediante plebiscito sino que volvió a defender esa postura en reiteradas ocasiones.
   Pero finalmente la ley apareció y tras algunos toqueteos tuvo la media sanción del senado, pero cuando llegó a diputados se repitió el patetismo pero esta vez con mucha más intensidad, el presidente Mujica fue a presionar a los diputados frenteamplistas, el vicepresidente Astori lo hizo por la tele y el asunto terminó con que uno de los tantos laderos del presidente se negó a votar haciendo que la ley fracasara.
   Unos meses después, viendo que la popularidad del gobierno estaba bajando, el Frente volvió a presentar una ley con la misma intensión e igual del mal redactada, de hecho la ley no tenía diferencias sustanciales excepto por el contexto, en el primer caso el presidente creyó que su imagen positiva, tanto a nivel nacional como internacional, iba a soportar el enojo de los frenteamplistas más interesados en el castigo al terrorismo de estado, en el segundo, su imagen ya estaba cayendo y el estado ya había sido condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
   De esta manera, el sobredimensionamiento que los tupamaros dan a su victimidad del terrorismo de estado[3] los puso en un problema partidario que terminaron resolviendo a las patadas con leyes mal escritas y a fin de cuentas bastante patéticas.

El gobierno y Mariana Mota

   Que la senadora Lucía Topolanski sea una de las convocantes a la marcha es otro dato interesante, más teniendo en cuenta que desde su entorno se trabajó por el castigo a la jueza, pues no solo la derecha y sus medios orgánicos (El País y Búsqueda) trabajaron por ello.
   No hay que olvidar que la jueza Mota tuvo algunos entredichos con el conocido adalid de los represores ministro Fernández Huidobro, uno por la entrada al batallón 13, conocido como 300 Carlos, la cual fue obstaculizada reiteradas veces por el ministro y otra por la negativa del ministro de dar información sobre el accidente del avión Air Class sucedido en junio, en ambos casos Huidobro protege a los militares sea por su participación en el terrorismo de estado o por la responsabilidad ante la muerte de quienes iban en el avión y desoyeron las advertencias de los pilotos acerca de su mal estado.
   Tampoco hay que olvidar que el presidente Mujica también criticó duramente a la jueza Mota cuando en unas declaraciones al diario argentino Página/12 la jueza dijo lo evidente, que "el proceso judicial uruguayo es lento" y que "no hay una promoción de los derechos humanos", en ese momento el presidente dijo que le llamó la atención que la jueza no haya recibido una advertencia de parte de "la Suprema Corte de Justicia o algo parecido (sic)"[4].
   Ante esto, creo que debería sorprendernos un poco que sea justamente la senadora Topolanski quien dice que "la Cámara de Diputados puede pedirle al Senado el juicio político", más tarde dice que dicho juicio no sería por la declaración de inconstitucionalidad sino por el traslado de la jueza Mota, y más aun debería sorprendernos que el MPP, al que están históricamente vinculados Mujica, Huidobro y Semproni, emita un comunicado que tiene como punto tres "Denunciar el incumplimiento, por parte de la SCJ, de los procedimientos establecidos en la Constitución de la República en su art. 246 para el traslado de la jueza Mariana Mota. Resulta ineludible vincular dicho acto con la posterior declaración de inconstitucionalidad de los artículos 2 y 3 de la Ley 18.831."
   No se, como que todo está muy raro.

El mujiquismo y la Suprema Corte de Justicia

   ¿Será casualidad que el mujiquismo salta a defender los derechos humanos justo unas horas después de que la Suprema Corte haya declarado inconstitucional los primeros artículos del ICIR? A mi se me hace que no, pero no deja de ser un dato menor que el ICIR y los derechos humanos hayan estado históricamente tan vinculados.
   Recordemos la historia del ICIR, algunas lineas arriba hablaba del primer intento del Frente de eliminar la ley de caducidad, el intento frustrado por el presidente y su ladero, lo interesante es que el ICIR nace como uno de los tantos bolazos tirados por el presidente, pero este en una situación particular. Fiel a su estilo, cada vez que el presidente o su entorno hacen algunas medidas de corte fascista o represor también hacen algunos anuncios populistas para dejar tranquila a la "barra", se hizo cuando se anunció que se podría legalizar el porro y se hizo con el anuncio del ICIR una semana después de que el innombrable ladero presidencial negara la ley.
   Entonces, el MPP salió a defender, incluso con pautas en los medios con el claim "que paguen más los que tienen más", un impuesto ridículo que no combatiría la concentración sino que tan solo le daría al estado, tal como la venta del porro estatal, "algunos pesitos más", mucho menos de lo que se le regala a los capitales mediante la ley 16.906, llamada de inversiones.
   Pero el impuesto salió, aunque medio a las patadas, el astorismo se le opuso porque, a su entender, cambiaba las "reglas de juego"[5], y eso es feo, es caca. Y evidentemente, tal como pasó con el IRPF, saltó un grupo de perjudicados a acusar al impuesto de inconstitucional.
   Entonces, cuando la Suprema Corte de Justicia declara inconstitucional el impuesto tribunero, el mujiquismo queda pegado y el astorismo aprovecha para cobrarse todas las meadas que ha recibido tras el fiasco PLUNA y el mujiquismo, para no quedar pegado ante los votantes y militantes frenteamplistas, arremete contra la Corte, no por las razones que realmente lo molestan sino por otras que serán mejor vistas por la izquierda progre.

La concentración y la dialéctica

   Entonces, no deberíamos pensar en la concentración como la suma de las bondades, como la muestra irrefutable de que el pueblo exige verdad y justicia[6], como un acto de dignidad social en la que la izquierda defiende la vida, no, más bien deberíamos entenderlo como un acto partidario en el que confluyen varias necesidades políticas (la defensa del ICIR, la recuperación del protagonismo del Frente en temas sociales) con necesidades sociales (verdad y justicia, juicio y castigo).
   Pero eso no tiene por qué estar mal, los derechos humanos no son una condición natural, son una construcción simbólica que los humanos construimos en el combate de las ideas, la justicia social no es sino una necesidad construida por un bando en pos de darle dignidad y sentido histórico a la vida de los trabajadores y la moral es tan solo un conjunto de normas que a algunos les parecen bien, pero otros han de tener su propia moral.
   Y justamente sobre eso se trata la política, de la lucha por la hegemonía simbólica para generar el desarrollo material que nos parece mejor, la Declaración de los Derecos del Hombre y del Ciudadano, con su machismo y eurocentrismo, fue una política acotada al horizonte de expectativas de la época (lo que algunos llamaríamos condiciones subjetivas), lo mismo fue la Declaración Universal de Derechos Humanos que no surge sino como una negociación entre los dos bloques imperiales de la época (Estados Unidos y la URSS) y también son una discusión política acotada por las condiciones subjetivas nuestra defensa de los derechos humanos  la lucha por la justicia social.
   Entonces, nuestro rol en tanto sujetos históricos no debe ser defender los derechos humanos como una especie de derecho natural (en el que se basa Ignacio de Posadas para criticar la adopción de parte de parejas homosexuales) sino el de tomar a la historia por las astas y dar la batalla política por los cambios que nos parecen necesarios para el mejor desarrollo de la vida del ser humano.


[1] Me parece importante retomar la visión de Althusser sobre el estado, además de las instituciones públicas explícitamente estatales encargadas del ejercicio de la violencia en defensa del orden establecido existen también unos aparatos ideológicos del estado (semejantes a lo que Gramsci llamaba órganos de la hegemonía), instituciones en gran medida privadas que se encargan de imponer la ideología de las clases dominantes.
[2] La inducción muy incompleta que lleva a pensar que la suma de las voluntades individuales podría construir una voluntad popular me parece bastante ridícula.
[3] De hecho los tupamaros no fueron el sector con más presos, torturados o asesinados, ni siquiera fueron un factor importante en el golpe ya que la tecnocracia detrás de1 golpe veía, y con mucha razón, más peligro en el sindicalismo que en una banda de trasnochados armados siguiendo a Sendic (uno de los pocos tupamaros que alguna vez tuvo la capacidad de pensar en una política más allá de circunstancias particulares).
[4] Con algo parecido debe referirse al Tribunal Internacional de La Haya, el colegio de árbitros o el jurado de los premios Tabaré.
[5] Leyes de juego que también podrían ser llamadas "garantías de un estado con pretensiones de benefactor que como única forma de obtener recursos tiene al servilismo a los intereses del capital".
[6] Cosa que de hecho parece no ser cierta.

viernes, 22 de febrero de 2013

El ángel de la Historia y la Filosofía de la praxis


El ángel de la historia y el pasado reciente
   Allá por los años ´50, Theodor Adorno entendía imposible la poesía después de Auschwitz, "es un acto de Barbarie" decía[1]. Años antes y en sintonía con su maestro, Walter Benjamin nos hablaba en términos semejantes de la historia:

Paul Klee, Ángelus Novus
   Hay un cuadro de Klee que se titula Ángelus Novus. Se ve en él a un Ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desencajado, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la Historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas… Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso.[2]

   La catástrofe es inefable, no podemos entenderla y por lo tanto somos incapaces de aprender algo de ella, solo podemos movernos irremediablemente hacia el progreso. Por eso, los uruguayos no somos capaces de elaborar una filosofía política del terrorismo de estado[3].
   En el umbral de la llamada "recuperación democrática", la izquierda organizada y las organizaciones sociales comenzaron su proyecto de análisis sobre los años del terrorismo de estado. El proceso fue arduo y doloroso ya que salieron a la luz más de quince años de atrocidades, nuestro Auswichtz, nuestra catástrofe. Entonces la izquierda, como el Ángelus Novus, intenta despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero no puede hacerlo ya que el progreso la obliga a ir hacia adelante, hacia logros tangibles, hacia la realización progresista a la que llamamos triunfo electoral. Esa tempestad llamada progreso no le permite plegar sus alas, por ello, el ángel no puede levantar vuelo para ver el pasado, solo ve la catástrofe, esa cosa amorfa e inexplicable, ese acontecimiento único, sin causalidad alguna.
   Quizás por eso la izquierda se abocó a la consolidación de la democracia, a la defensa acérrima de los derechos humanos[4], a la construcción de un estado de cosas que haga irrepetible la catástrofe, estado de cosas que solo podía construirse a partir de ese progreso, esa tempestad. Pero el ángel no puede volar, la propia tempestad que lo impulsa hacia adelante no se lo permite, por eso no puede ver más que la catástrofe amorfa, sin causalidad posible, por eso no puede evitar la catástrofe, porque no la entiende.
   Así, nuestras expectativas posterrorismo se vieron definidas en gran parte por la incapacidad del ángel de ver hacia atrás, de entender la cadena de acontecimientos, la causalidad histórica de la catástrofe.

La causalidad de la historia y el pasado reciente
   El panorama previo al terrorismo de estado era bastante complejo, existía una lucha interna en la clase dominante entre el viejo modelo batllista eminentemente político y en decadencia y el nuevo modelo tecnocrático monetarista en lento ascenso en todo el mundo.
   Pero a su vez, la clase dominante tenía un enemigo externo bastante peligroso, los movimientos revolucionarios[5] de izquierda, más que nada urbanos y de acumulación de fuerzas, el Partido Comunista, el Partido Socialista y la CNT entre muchos otros. La respuesta histórica de la derecha a estos fenómenos era muy simple, las políticas batllistas[6] tenían la capacidad de evitar la acumulación de fuerzas mediante la desmovilización de una clase media conformista formada en base a los recursos del estado y el fomento a una actividad industrial autóctona, de esta forma, la pobreza y la explotación no desaparecían, pero la mayoría de la clase trabajadora mantenía niveles de confort verdaderamente desmovilizantes. Pero estas políticas tenían un problema, en el largo plazo trancaban el crecimiento y la acumulación.
   La respuesta a estos problemas de crecimiento la trajo la escuela austríaca, ellos vieron que mediante la financierización de la economía y la monetarización de la economía política se generaban recursos nuevos sin necesidad de grandes inversiones, así el proceso de acumulación se aceleraba sin necesidad de dar concesiones a los trabajadores. Pero el financierismo monetarista generaba un nuevo imperativo, era primordial controlar la inflación que, en un panorama de sueldos altos, se disparaba al menor tambaleo, por eso el estado asume el control de los salarios privados y la reducción del gasto público como forma de controlar la inflación. De este modo, las fuerzas de la izquierda asumieron una posición más combativa a la que el estado tecnocrático respondió de un modo que el estado batllista difícilmente hubiera usado, la represión sistemática y directa de parte de los aparatos represivos[7].
   Esta violencia explícita de parte del estado, más la desgracia del estatismo postbatllista, fueron un empuje para la acumulación de fuerzas y la clave para entender la formación del Frente Amplio en tanto coalición de las fuerzas de izquierda y los últimos resabios de batllismo progresista.
   Así, ante la posibilidad real de que un gobierno que estuviera integrado por las fuerzas revolucionarias de izquierda, y ante las nuevas reformas necesarias para aumentar la acumulación capitalista, reformas que iban a ser rechazadas electoralmente por el grueso de la población y que luego fueron nombradas como neoliberales, el estado tecnocrático debe recurrir a métodos extremos, métodos recomendados por las mismas instituciones que habían fortalecido el monetarismo en América Latina. Básicamente, para poder instaurar el monetarismo como única forma de gestión macroeconómica y que necesariamente exigiría de políticas neoliberales[8], era necesario que estas prácticas no pudieran ser puestas en duda electoralmente, era necesario imponerlas a fuerza de terrorismo de estado y dictadura cívico-militar.

Filosofía de la praxis y pasado reciente
   Entonces, once años después del golpe de estado y más de quince desde el comienzo del terrorismo de estado, la izquierda se abocó a su reconstrucción. Tal como el Ángelus Novus debía "despertar a los muertos y recomponer lo despedazado", esto es, liberar a los compañeros presos, repatriar a los exiliados, averiguar qué sucedió con los muertos y recomponer su ideología. Pero la tempestad arrastra a la izquierda hacia el progreso, la obliga a avanzar hacia el gobierno nacional y, por más que no pueda dejar de mirar hacia atrás y rememorar sus viejas glorias y agonías, no puede volver sobre ellas, no puede pensar su pasado porque, al no poder levantar vuelo, lo único que ve es la catástrofe.
   Así, la izquierda uruguaya hoy solo sabe recordar a sus muertos, conmemorar la catástrofe, pero no puede entender la serie de hechos que la desencadenó, no puede poner en duda los imperativos que ella ha instalado en todos nosotros[9] porque no puede entender su relación con la catástrofe.


[1] Prismas, la crítica de la cultura y la sociedad (1951).
[2] "Tesis IX" en Tesis sobre la filosofía de la historia (1940).
[3] No se me ocurre una forma mejor de nombrar lo que sucedió entre los colegiados blancos y el fin de la dictadura cívico militar.
[4] No creo pertinente discutir aquí sobre la construcción burguesa de los derechos humanos, en todo caso creo que se puede estar de acuerdo en que hay ciertas cosas que deberían ser imperativos morales universales, por más que no le guste a la crítica de la moral.
[5] Uso este término con amplitud, en estas condiciones considero revolucionario a cualquier movimiento que planteara un cambio radical en la estructura de la sociedad, sea este por la fuerza o no.
[6] Es imposible negarle a Batlle y Ordóñez su visión, a principios del siglo XX, hizo lo que Keynes y Roosevelt harían unos veinte años después.
[7] El MLN fue un factor marginal en las políticas represivas, el grueso de las prácticas del terrorismo de estado fueron orientadas a movimientos no armados como el PCU, el PVP, los GAU o el sindicalismo.
[8] De hecho, una vez que aceptamos los postulados del monetarismo y que entendemos el control de la inflación y el crecimiento del PBI como únicos objetivos de la Economía Política, el neoliberalismo, o sus diferentes moderaciones, es la única forma de lograr el éxito económico.
[9] Sean estos el monetarismo, el crecimiento económico, la democracia burguesa representativa y massmediática, la propiedad privada o cualquier otro.

lunes, 18 de febrero de 2013

Cucuzú e Inthamoussu, las dos caras de la pelotudez uruguaya

   Pasado el romance con la celeste los uruguayos nos dedicamos a buscar un nuevo deporte nacional, y encontramos uno precioso, y muy acorde a nuestros tiempos de rebeliones virtuales, la indignación. Desde que tres estúpidos mataron a patadas a una perra para después subir el video a internet parece que lo único que puede hacer el uruguayo es indignarse, y si expresa su indignación por medio de algún medio digital mejor.
   Hace unos días explotó la indignación por la paliza que unas estúpidas le dieron a una muchacha, indignación que sería comprensible si no fuera porque por momentos tomo aires supremacistas negros y ridiculismos intolerantes de parte de los profesionales de la tolerancia, luego nos indignamos facilísimo cuando vemos una frase que no nos gusta en el diccionario y armamos una movida pelotuda para eliminarla mientras los negros, homosexuales y blancos pobres siguen teniendo que esforzarse el doble para conseguir un trabajo de mierda, y ahora parece que al bailarín Martín Inthamoussu le indigna la "hipocresía de una antigua y falsa Suiza de América", o al menos eso dice en una carta que circuló en estos días.

   Esto surge a partir de un personaje bastante pedorro que hace Cucuzú (conocido humorista pedorro de nuestro carnaval) llamado Gayman, una especie de superheroe gay que anda por ahí vestido de rosado y sosteniendo falos. Digamos que es algo de mal gusto, pero eso no debería parecernos raro, históricamente el carnaval ha dado este tipo de espectáculos feos y prejuiciosos, es que a fin de cuentas de eso se trata la llamada cultura popular. Digamos que el carnaval se ha burlado sistemáticamente de los gays, los gallegos, los gordos, los judíos, los estadounidenses, Jorge Batlle y una interminable lista, y si tuviera que adivinar diría que el 99% de las veces lo ha hecho con mal gusto.
   Es raro que esa indignación hacia el carnaval haya surgido por un personaje marginal como es un "actor" de una de las categorías menos relevantes del concurso y no de una discriminación institucional como fue la no clasificación de la revista Krisis por la inclusión en un espectaculo de un beso entre dos mujeres. Es raro porque además trascendió un video difundido por la misma revista en la que muestran reacciones de burla y sorna de parte del jurado mientras el conjunto estaba actuando en la prueba de admisión.
   Pero como a Krisis no lo conoce nadie, a nadie le importó.

   Al respecto de la violencia discriminatoria, a Inthamoussu le indigna que "el pueblo uruguayo y sus clases hegemónicas ha permitido que esto suceda y se horroriza cuando sucede". Me llama la atención la apelación a las clases hegemónicas, calculo que se refiere a una burguesía que ha diseminado una hegemonía, es decir un consenso espontáneo entre el pueblo uruguayo logrando que este sea intolerante ante todo aquello que no se considera normal, bueno, en eso podemos estar de acuerdo.
   Al parecer (la verdad que no miré el desfile de carnaval, la vida es demasiado corta), Cucuzú desfiló por 18 con bananas en las manos "burlándose de una identidad sexual", y si, la verdad que es algo bastante de mal gusto y refleja bastante "la concepción machista y heterocentrista que se tiene vulgarmente del gay", pero de ahí a comparar esto con una paliza que unas imbéciles le dieron a una muchacha a la salida de un boliche me parece que se nos va la mano.
   Además, este chico dice que las personas de C4 (conjunto al que pertenece Cucuzú) "viven en el placer de sus clases hegemónicas", por favor, está hablando un bailarín de ballet y performer, dos formas claras de arte de las clases hegemónicas, en el caso del ballet, placer de la aristocracia (más agonizante que la agonizante iglesia católica de la que se queja Inthamoussu), y en el caso de la performance, placer de la burguesía. A mi puede gustarme el ballet (la performance no tanto), como también la ópera o el jazz, pero eso no quita que sean formas que, hoy día en Uruguay, son placer de las clases dominantes.
   Por su parte, los humoristas de carnaval son burdos, obvios y poco inteligentes, de mal gusto, sin refinamientos ni amaneramientos propios de las formas de las llamadas "clases hegemónicas", son de hecho placer de las clases dominadas, del lumpenaje.

   Más adelante en su carta, Inthamoussu aclara que "La falta de respeto absoluta por las minorías ya tiene que llegar a un fin en este país. No es por Tania, no es por el colectivo LGTB, no es por una persona con obesidad mórbida, es por todos y cada uno de los uruguayos. Construir un país donde los ciudadanos seamos de la misma categoría. No divididos en ciudadanos de primera y de segunda. No divididos entre burlados y burladores."
   Me causa un poco de gracia y otro poco de molestia la identificación entre ciudadanos de primera y de segunda que hace Inthamoussu. De hecho, la difusión que se le dio a esta carta demuestra que él es un ciudadano de primera (o al menos de una categoría más alta que la mayoría de la gente) así como la difusión que se le dio a la paliza que le dieron a Tania demuestra que ella también lo es[1], si quien hiciera esta carta fuera un travesti de las pensiones de Maldonado y Yaro y no un reconocido bailarín o si quien hubiera recibido la paliza hubiera una plancha de Colón y no una intelectual orgánica del progresismo asistencialista, casi nadie les hubiera dado pelota.
   También me pregunto qué pasará con la paliza que cinco guardias de seguridad de un boliche de Atlántida le dieron al ex bajista de Hereford Frankie Lampariello por el solo hecho de ir caminando por la vereda del boliche con una pinta que al patovica no le gustó, me pregunto si saltará el colectivo "roqueros, grandotes de pelo largo y barba" (al que debo admitir que pertenezco), calculo que no, o al menos que no lo haremos como tal sino como simples personas a las que nos parece espantoso que varias personas surtan a palos a otra por el simple hecho de que no les gusta su pinta, su color de pelo o el cuadro del que es hincha.

Pero el momento más gracioso de la carta es cuando este muchacho habla de los sentimientos que esto le despierta, "me subleva y me incita a la rebelión" dice, y luego que "es la obligación de todos defender un Uruguay progresista e igualitario". Que interesante, un tipo vinculado, al menos levemente, al proyecto de los recientes gobiernos progresistas se subleva y rebela cuando un triste y patético comediante hace unos chistes malos, que sin esta carta estarían condenados al olvido, y no cuando ese país progresista que Inthamoussu quiere que defendamos permanece inmóvil ante la constante desintegración de la sociedad, que mira pasivamente como en este país se dividen cada vez más los de primera que tienen derecho a la educación de calidad, a viajar por el mundo adquiriendo experiencias y conocimientos, a tener trabajos gratificantes y a ser escuchados por la sociedad y los de quinta que con suerte podrían hacer un cursito de inserción laboral del MIDES, que con suerte se pueden pegar un viaje al centro, que están condenados a trabajos de explotación y vulnerabilidad y que si, a su manera, se quejan o tienen conductas contra-hegemónicas, son cagados a palos por la policía que los considera delincuentes por vivir en el Marconi o andar de gorra levantada.

   La verdad que no conozco mucho del trabajo de Inthamoussu, solo he visto algunas muy buenas actuaciones como bailarín y leí un par de sus feos poemas, pero si lo conozco por otra función que cumple en la sociedad, panelista de Esta boca es mía, es decir intelectual orgánico de las clases dominantes.
   Me extraña por lo tanto que este muchacho se subleve tan fácil cuando Cucuzú, un comediante pedorro que no caga a nadie, se viste de rosado y anda con falos en las manos haciendo chistes bobos y no se subleve en lo más mínimo cuando la idiota de Victoria Rodríguez se pregunta ¿como hace la gente para vivir en Colón? No solo no se subleva ante tal acontecimiento discursivo de parte de una de las más importantes voceras de la oligarquía montevideana sino que a pesar de esa ingenua y estúpida incomprensión de parte de quien no debe salir de los "barrios lindos" sin guardia, acepta participar de ese estrado oligárquico, intolerante, clasista, por momentos fascista y siempre estúpido al que llamamos Esta boca es mía.
   La boca bien puede ser suya pero las ideas que por ella son expresadas son bien de las "clases hegemónicas" de las que se queja Inthamoussu.

   Y es que a fin de cuentas, a Cucuzú un poco de razón le cabe cuando se pregunta "¿De qué nos vamos a reir? ¿De las gallinas?". Es decir, el humor se trata de romper algo que no debería romperse, de poner algo donde no va diría Schopenhauer, y si se sale de estas formas se convierte en cliché, en Tinelli jodiendo al gordo Larry de Clay cada vez que pierde Boca, en el Piñe haciéndose pasar por estúpido (por más estúpido), en Leandro Lagos e Ignacio Alcuri riéndose de lo malo que son los chistes que ellos mismos escriben y por los cuales los contribuyentes montevideanos pagan. Esto no significa que todo el humor deba partir necesariamente de una burla, pero si debe partir de que se rompa, voluntaria o involuntariamente, una regla. No hay nada gracioso en un bebé que hace un provechito, pero si a un conductor de informativo, después de tomarse un vaso de bebida refrescante sabor cola durante el corte, se le escapa un eructo durante el anuncio de la muerte del Papa entonces se produce algo muy gracioso.

   A fin de cuentas, la gracia de decir "culo" o "mierda" no es que sean fonética ni ontológicamente graciosas sino que no se pueden decir porque las viejas se van a molestar, su gracia reside en cierta condición social que las hace justamente "malas palabras", si dejaran de estar mal vistas ya no tendrían gracia y se convertirían en palabras neutras como son "recto" o "heces" (sobre esto recomiendo ver un notable capítulo de South Park). No en vano aun recordamos aquel "oligarca puto" que el "eme-pepista", entonces diputado y hoy vicepresidente de la ANP, Juan José Domínguez le gritó al Cuquito Lacalle Pou como un gran momento de la comedia involuntaria uruguaya, no porque Lacalle sea homosexual, no porque a alguien le sorprenda que sea un oligarca, tampoco por el genial "vení que te reviento la cabeza" con el que Domínguez preludió el insulto, no, claro que no, fue porque es muy gracioso ver a un viejo tirándole una piña a un joven hijo de un expresidente portando tan bizarro grito de batalla y para mejor que todo sea en medio de nuetro máximo templo democrático y ambos sean representantes democráticamente elegidos para llevar adelante la noble y magna tarea de definir nuestros destinos como nación.

   Me parece que a Inthamoussu se le dieron vuelta los cables, se pensó que el ballet y la performance son el arte de la emancipación de los pueblos, confundió a Cucuzú con Victoria Rodrígez y se rebeló ante un mal chiste en lugar de hacerlo ante el sistema generador de miseria al que él llama país progresista. Es por lo tanto, y al igual que Cucuzú, un pelotudo.

   Y ahora ríanse sin culpas.



[1] Basta con prestar atención a las varias ocasiones en las que nadie le da pelota a violencias igual o más discriminatorias, en este momento me viene a la cabeza una paliza que le dieron en un boliche a un inmigrante africano solo por ser negro, paliza que lo incapacitó para trabajar ya era modelo y quedó desfigurado y ahora solo puede hacer changas en la construcción (cosa que, debido a la paliza que recibión no debería hacer), recuerdo que en su momento nadie dijo nada (excepto unos pocos medios no hegemónicos) y que cuando su compañera intentó llegar al poder ejecutivo para que hicieran algo, el propio presidente Mujica desestimó el pedido.