jueves, 31 de octubre de 2013

Masas y comunidad. . . . . . . .y medios

  El panorama reciente en la reflexión en comunicación del Uruguay parece copado por el proceso normativo y político que engloba, entre muchas otras cosas, una posible "ley de medios" y el otorgamiento de licencias para la televisión digital terrestre. En sí no me parece mal, creo que es efectivamente un tema importante y debería ser tenido en cuenta.
  Solo puedo objetar el enfoque y el alcance de esta discusión que también viene determinada por un umbral coyuntural, la existencia y proyección de ciertos grupos de presión vinculados al empresariado o a la sociedad civil organizada que restringen la discusión a ámbitos no conceptuales, y otro epistemológico, el estado actual de la disciplina dominado por unas pocas líneas de pensamiento imperantes en América Latina. Así, la discusión ha estado orientada a un enfoque de políticas o de economía política, es decir, se estudian las normativas, se las compara con otras y se analizan las consecuencias de la legislación en relación a unos fines abstractos más o menos definidos o bien se discute la concentración de los mercados y se presentan posibles alternativas más "democráticas", "incluyentes" o "pluralistas"[1]. Estos dos abordajes restringen el alcance de la discusión a un plano de democracia liberal burguesa y de panorama de medios comerciales generalistas y de entretenimiento financiados por publicidad privada dejando de lado otros dos abordajes que creo interesantes y que podrían aportar mucho al debate.
  El primer abordaje que creo interesante y necesario es el de una filosofía política que nos permitiría abordar el problema del poder y la construcción de ideología en la comunicación masiva y la legitimación de los diferentes discursos, acciones y normas acerca de la regulación de los sistemas de medios nacionales.
  Un segundo abordaje sería el mediático, la dimensión mediática de una acción política orientada a los medios que estará siempre, e irremediablemente, determinada por las características formales, semióticas y semánticas de la tecnología (o técnica) de intercambio.
  A partir de estos dos abordajes del problema político de la comunicación me interesaría discutir un punto particular del proceso político-legislativo, la asignación de un canal comunitario al PIT-CNT[2].
Pero, ¿Qué puede llegar a ser la televisión comunitaria? En primer lugar diría que nada.

  Al menos si utilizamos la definición de comunidad que se utiliza al hablar de medios comunitarios, una comunidad es un conjunto de personas fácilmente identificables que muchas veces comparten un territorio y siempre un conjunto de intereses medianamente definidos por y para esa misma comunidad. Un medio comunitario sería, por lo tanto, un medio en el que los contenidos son realizados por los miembros de dicha comunidad y están orientados a los miembros de esa misma comunidad, en otras palabras, los medios comunitarios están hechos para que un grupo de gente realice contenidos para sí misma.
  Esto en sí no está mal, algunas radios o periódicos comunitarios en la región están orientadas a eso, comunidades indígenas, pequeñas poblaciones o grupos zonales tienen pequeñas radios de bajo alcance o boletines de baja circulación en las que difunden contenidos que son muy importantes para esa comunidad pero que en nada interesan a quienes no pertenecen.
  En el caso de la radio (creo que en el de los periódicos esto es claramente evidente) esto tiene bastante sentido ya que los requerimientos técnicos para montar una radio de bajo alcance son bastante accesibles a la vez que los costos y sobre todo el alcance de esas radios permiten que se pueda acceder a un espacio de difusión de determinados asuntos sin generar una restricción a otros mensajes.
  Otra acepción de medio comunitario parece aparecer en algunas discusiones. En algunos casos el carácter comunitario del medio no parece estar vinculado a contenidos de y para una determinada comunidad sino más bien con la no comercialidad, que es muy común encontrar medios que se dicen comunitarios y que reproducen formatos propios de los medios hegemónicos pero, al menos en la mayoría de los casos, con bastante más torpeza. Es decir, si bien existen experiencias de medios comunitarios realmente comunitarios, a veces los comunicadores de medios llamados comunitarios no hacen sino reproducir formatos propios de otros medios pero de modo menos competente.

  Pero el problema es que la televisión es por definición un medio masivo, la forma de transmisión y recepción, los costos que implica y la propia característica unidireccional del flujo hacen que sea imposible algo así como una televisión hecha por y para una comunidad. La televisión solo puede dirigirse a una masa compuesta por individuos aislados y mayormente anónimos que actúan acorde a su moral particular en lo individual y en colectivo según una moral masiva[3] pero no a una comunidad compuesta por individuos fuertemente unidos y más o menos conocidos por todos los miembros del grupo y que actúa con la misma moral grupal tanto en lo individual como en lo colectivo porque en realidad una cosa no puede separarse de la otra.
  A su vez, tanto técnica, mediática como economicamente no tiene sentido montar canales de televisión de bajo alcance porque (además de los problemas técnicos que esto generaría en un espectro con menos capacidad[4]), esto sería ineficiente e ineficaz económica pero sobre todo comunicacionalmente pues se estaría usando un medio fuertemente unidireccional para un tipo de contenido y proceso comunicacional pretendidamente orgánico.
  Pero si ha sido posible una televisión pública sin fines de lucro orientada a la difusión cultural y a la construcción de hegemonía, esto lo vemos tanto en los casos de televisoras gubernamentales (el Canal 7 Kirchnerista) como en medios estatales no gubernamentales (históricamente lo ha sido la BBC[5]). También ha sido posible una televisión privada comercial que, si bien está centrada en la obtención de beneficios de la explotación del trabajo cultural, también contribuye a la generación de una hegemonía conservadora y burguesa. Es decir, por su propio carácter mediático, la comunicación de masas (unidireccionales, a gran escala, con roles en el proceso comunicacional bien definidos y rígidos, orientada a colectivos grandes y atomizados) solo puede ser (y perdón por el perogrullo) comunicación de masas mientras que la comunicación comunitaria (orgánica, a pequeña escala, con roles intercambiables, orientada a pequeños colectivos relativamente autoconscientes[6]) solo puede ser comunicación comunitaria pero nunca comunicación de masas.

  Entonces ¿Qué es lo que pretenden los gobiernos de América Latina reservando un tercio del espectro de televisión para los contenidos comunitarios? Pues me atrevería a decir que lo que pretenden es efectivamente democratizar la comunicación, presentar nuevos actores que generen visiones diferentes y que contribuyan a una sociedad más democrática. Es decir, los gobiernos quieren lo que dicen que quieren pero no se dan cuenta, por su propia incapacidad pero también porque han tenido asesores abogados, economistas o especialistas en política y no expertos en comunicación, que eso que quieren no es posible. Y no es posible no en un marco no normativo o institucional sino que no es posible en un marco lógico: una cosa (la comunicación comunitaria) no puede ser algo que la contradiga (la comunicación de masas) o incluso ontológico: una cosa no puede ser lo que no es.

  Esta imposibilidad lógico-ontológica parece confirmada por los hechos. Se hace un llamado para asignar un canal de televisión comunitaria y se presentan dos aspirantes, las corporaciones empresariales y la central única de trabajadores y finalmente se adjudica el canal al proyecto del PIT-CNT.
  Pero ¿son las corporaciones empresariales o el PIT-CNT colectivos comunitarios? Por supuesto que no, las corporaciones son una camarilla de presión política donde confluyen diversos intereses orientados a lograr determinados objetivos político-económicos y el PIT-CNT es un sindicato único que unifica sindicatos muy diversos con objetivos muy distintos bajo una bandera de clase común[7]. En otras palabras, las corporaciones empresariales son un colectivo de elites nacionales mientras que el PIT-CNT es un movimiento de masas.
  Los objetivos de un canal del PIT-CNT no serían reforzar cierta identidad colectiva y permitir que el grupo a partir del que se constituye el canal (que es por cierto bastante fragmentado y necesariamente heterogéneo) participe íntegramente de la construcción de sentido televisivo. Sus objetivos serían más bien la puesta en debate de los temas que le preocupen al propio PIT-CNT tales como el cooperativismo, las condiciones laborales y posiblemente varios temas no directamente vinculados con la producción pero que obedezcan a la línea editorial claramente de izquierda de la central. Por lo tanto, el canal del PIT-CNT posiblemente estará orientado claramente a la disputa por la hegemonía tanto en los ámbitos laborales como en la cultura y la sociedad en general, es decir, lo que hacen los medios de masas y no los comunitarios.

  Y por esa misma acción de masas es que al PIT-CNT no debería corresponderle un medio comunitario en la acepción usual del término, pues el PIT-CNT no es un colectivo comunitario, y posiblemente ningún sindicato lo sea (tal vez los sindicatos de relojeros de Bakunin podrían llegar a pensarse así). Pero tampoco tendría sentido otorgarle un canal de televisión a una asociación efectivamente comunitaria porque sería una estupidez ya que ni podrían hacer comunicación efectivamente comunitaria ni mucho menos televisión.
  Y...¿entonces? Y entonces tal vez se deba pensar mejor cuando se hace una política, porque ¿qué hubiera pasado si en vez de dos colectivos propios de una sociedad de masas se hubieran presentado quince asociaciones barriales, vecinales o comunitarias? Desde los objetivos específicos de los llamados a interesados y, sobre todo desde la matriz teórica de quienes toman decisiones y sus asesores, le hubieran otorgado un canal de televisión de largo alcance y enormes costos a varias de ellas, y muchos de esos grupos (por no decir todos) no tendrían la capacidad material ni las aptitudes para realizar televisión siquiera digna, no veríamos invadidos de "proyecto árbol" y otros intentos voluntaristas que pretendiendo hacer llegar la televisión a todos no hacen más que reproducir sistemas de valores y pautas simbólicas hegemónicas pero peor, con menor calidad técnica y tecnológica condenándose al desinterés de las audiencias que cuando prenden la televisión quieren ver televisión.

  Así, y del mismo modo que no se pueden hacer telenovelas con contenido revolucionario (por más que le pese a Jesús Martín Barbero), no se puede hacer televisión comunitaria, pues la televisión es el más masivo de los medios de la primera y segunda generación[8] y es indisociable de la masividad.
  Por lo tanto, bienvenido canal del PIT-CNT.

Notas

[1] Pongo comillas para no opinar sobre el uso de esas palabras, son las palabras que se usan pero no necesariamente las que mejor designan los conceptos que se quieren expresar, objetos que por cierto también me parecen demasiado abstractos.
[2] Creo importante aclarar que, dado el panorama que se instauró y el paupérrimo futuro de la televisión uruguaya veo con cierta simpatía esa asignación.
[3] Ver Freud, Psicología de las masas y el análisis del yo y Adorno y Horkheimer Lecciones de Sociología.
[4] Es importante recordar que, aun con la compresión digital, se necesita mucho más ancho de espectro para transmitir contenidos televisivos que para transmitir contenidos de radio.
[5] Si bien la BBC no cumple con el propósito directo de "bajar linea" (cosa que si hace Canal 7 con mucha mayor honestidad), el modelo de televisión generalista británico contribuye a la difusión y penetración de sistemas de valores en la sociedad, y por supuesto que estos sistemas de valores no son asépticos.
[6] Esta autoconciencia es, evidentemente, limitada a algunos rasgos elementales.
[7] Si bien estas dos cosas no son tan diferentes si es diferente el proceder específico de ambas corporaciones.
[8] La primer generación es la basada en tecnologías eléctricas como el telégrafo e incluso los medios mecánicos como la primer prensa, la segunda generación es la generación de los medios electrónicos y los basados en la electrónica como el teléfono, la radio, la prensa de gran tiraje (imposible en la generación anterior) y, por supuesto, la televisión. Todavía habría que discutir sobre la tercer generación, la de los medios digitales.

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