martes, 11 de junio de 2013

Milton Friedman y la educación uruguaya

   Es la primera vez que escribo un artículo sobre educación o sobre políticas sociales, son cosas de las que me mantengo por fuera de la discusión porque creo que son demasiado complejas y se dicen demasiadas estupideces al respecto y prefiero no incfrementar el ruido, a fin de cuentas, ya Bordaberry dice suficiente mierda como para necesitar que yo diga más.
   Pero hay acontecimientos que exigen otra postura, acontecimientos que nos obligan a cruzar lineas que parecían difíciles de cruzar.
   Este es el caso con el anuncio del ministro de Desarrollo Social Daniel Olesker de que se darán bonos educativos a las familias monoparentales de ciertas zonas criticas para que envíen a sus hijos a la guardería[1].

   A continuación presento una traducción propia del último artículo que Milton Friedman (uno de los principales impulsores del neoliberalismo monetarista) publicó en The Wall Street Journal poco antes de su muerte para que comparen con el proyecto educativo frenteamplista [2].
La mayoría de las escuelas de Nueva Orleans están en ruinas, tal como los están los hogares de los niños que asistían a ellas. Estos niños se han dispersado por todo el país. Es una tragedia. Es también una oportunidad para una reforma radical del sistema educativo.
Esas escuelas que fueron destruidas no estaban sirviendo bien a sus estudiantes. Tal como escribió Chris Kinnan, "El sistema de escuelas públicas de Nueva Orleans ha fallado a sus niños por años. 73 de estas más de 120 escuelas son consideradas en falta de acuerdo a los estándares estatales de responsabilidad financiera. ("Vouchers for New Orleans," National Review Online, Sept. 15, 2005.)
Las escuelas de Nueva Orleans han fallado por la misma razón por la que fallan en otras grandes ciudades, porque las escuelas son propiedad y son operadas por el gobierno. El gobierno decide que debe producirse y quien debe consumir esos productos, generalmente asignando estudiantes a escuelas según su residencia. El único recurso de los padres insatisfechos es cambiar su residencia o renunciar al subsidio gubernamental y pagar por la escolarización de sus hijos dos veces, una en los impuestos y otra en la matrícula.  Esta organización de arriba para abajo no funciona mejor en Estados Unidos que en la Unión Soviética o en Alemania Oriental.
Mejor que simplemente reconstruir las escuelas destruidas, Louisiana, que se ha hecho cargo del sistema escolar de Nueva Orleans, debe tomar esta oportunidad para empoderar a los consumidores, por ejemplo, los estudiantes, proveyendo a los padres con bonos de tamaño sustancial, digamos tres cuartos de lo que el gobierno gasta en escuelas por estudiante, que sea utilizable solo para gastos educativos. Los padres se sentirán libres para elegir la escuela que consideran mejor para sus hijos. Esto podrá  introducir la competencia que se ha perdido en el actual sistema. Podrá ser un cambio hacia una organización de abajo para arriba, que se ha probado tan exitosa en el resto de nuestra sociedad.
Para hacer la competencia efectiva, Louisiana debe proveer un clima favorable para nuevos participantes, sean parroquiales, sin fines de lucro o con fines de lucro. Como parte de esto, debe dejar claro que los bonos no son algo apropiado por la emergencia que se terminará cuando la emergencia acabe sino una reforma permanente.
Tal reforma permanente puede también encontrarse con la necesidad. Los bonos pueden ser usados por los estudiantes que están diseminados por todo el país para adquirir servicios educativos dosdequiera que estén. En lo que refiere a la propia Nueva Orleans, deberían habilitar a las escuelas privadas que sobrevivieron a los huracanes a expandirse y alojar a los niños que regresan. Más importante, los bonos deberían animar a la empresa privada a proveer educación. ¿Hay alguna duda de que el mercado privado podría proveer educación a los niños que retornan a Nueva Orleans más rápido que el estado?
Cualquiera que sea la promesa de bonos para la educación de Nueva Orleans, la reforma tendrá la oposición de las gremiales de maestros y de la administración educativa. Ellos ahora controlan un sistema escolar monopólico. Ellos están determinados a preservar ese control y van a hacer casi cualquier cosa para lograrlo.
Al contrario de los gremios, la reforma permitiría alcanzar el propósito de que Louisiana tenga un sistema mucho mejor que el actual. El objetivo del estado es la educación de sus niños, no la construcción de edificios o que las escuelas funcionen. Estos son medios y no fines. El objetivo del estado será cumplido mejor por un mercado educacional competitivo que por un monopolio gubernamental. Los productores de servicios educativos podrían competir para atraer estudiantes. Los padres, empoderados por los bonos, podrían tener un amplio rango para elegir. Tal como en otras industrias, un mercado libre competitivo llevará a mejoras de calidad y reducción de costos.
Si, por un milagro político, Louisiana logra superar la oposición gremial y promulgar bonos universales, no solo le serviría al estado, también podría prestar un servicio al resto del país proveyendo un ejemplo a gran escala de lo que el mercado puede hacer por la educación si se le permite operar.
   No voy a discutir acerca del planteo de Friedman porque sus argumentos son indiscutibles, Friedman considera que la educación es una mercancía y que el libre mercado desregulado asegura mejor calidad y mejores precios, el primero es un enunciado éticamente reprobable y el segundo es científicamente absurdo.
   Si me interesa discutir algunas políticas sociales y educativas a la luz de este último manifiesto neoliberal.

Educación y sociedad

   Un primer asunto que esto evidencia es que, actualmente, la educación no tiene como objetivo educar a las futuras generaciones sino contener a los niños para que no estén en la calle fumando base o delinquiendo. Por eso es que existen los planes de tolerancia según los cuales los estudiantes que vienen de hogares conflictivos pasan de año así no haya aprendido nada solo para evitar que deserten del sistema, por eso se pone tanta atención a planes de contensión como el fracasado PIU y por eso se presta tanta atención a este nuevo plan "7 zonas".
   En este marco, el 4,5% del PBI para la educación no sería tal ya que gran parte de ese 4,5% está en realidad orientado a políticas sociales que vengan a cubrir la ineficacia redistributiva del modelo liberal-progresista.
   Y si sumamos que estas políticas tienen como objetivo secundario (o tal vez primario) la reducción de la violencia y delincuancia vinculada con la marginalidad, nos encontramos con que la educación termina siendo la escusa mediante la que se tratan de solucional los problemas generales a corto plazo de la sociedad en vez de brindar una herramienta de superación humana a largo plazo.
   Pareciera que, a fin de cuentas, la educación de la era progresista no es más que "la muchacha que nos ayuda con el Yónatan"[3].

Política social progresista

   El frente ha llevado adelante políticas industriales, económicas, laborales y de vivienda (por no referirse a la educación orientada a formar trabajadores calificados) completamente obsecuente con el capital, solo cuando las cosas se vuelven incontrolables se amaga con alguna política activa del estado que luego no termina de cumplirse[4] o que si se cumple se contrapone con alguna exoneración u otro beneficio fiscal.
   Entonces, ante la incapacidad de ejercer cambios estructurales, los gobiernos progresistas siguen de atrás a la realidad con planes focalizados orientados a solucionar un problema particular. Así, ante la muerte por hipotermia de algunos indigentes se establecen planes de refugio nocturno, ante la deserción escolar se establecen planes de incentivo a la escolarización (generalmente centrados en pagarle a los padres o darle comida o algún otro beneficio al jóven), ante la marginalidad delictiva se hacen megaoperativos, es decir, ante la incapacidad intrínseca del sistema para generar justicia, dignidad, paz y libertad, el estado baja a la calle, no a solucionar los problemas sino a que lo vean tratando de resolverlos. Y cuando el estado se retira las cosas vuelven a su estado anterior o incluso, si se ha dado demasiada libertad al capital en las otras áreas, quedan en una mayor vulnerabilidad.
   El tema es que los problemzas no son particulares, no están compartimentados y aislados entre sí sino que cada problema está determinado estructuralmente por varias causas, por lo tanto, no se los puede solucionar de modo compartimentado. Así lo entienden la socialdemocracia sajona, el laborismo previo a Toni Blair, el socialismo francés e incluso algunos líderes demócratas estadounidenses.
   Pero este no ha sido el camino elegido por el progresismo latinoamericano ni por la socialdemocracia mediterranea tras la caída del muro (PD italiano, PSOE español y PASOK griego). En estos casos, el camino elegido ha sido más bien el piloto automático, gestionar la desintegración social y apoyarse en el capital internacional para enfrentar a las oligarquías locales.

Políticas sociales y neoliberalismo

   Pero es que a fin de cuentas, las políticas sociales que ha aplicado el frente desde que está en el gobierno no han sido políticas orientadas a eliminar la pobreza estructural sino solo a paliar situaciones particulares, correr de atrás la situación superponiendo planes que, en el mejor de los casos, generarán una solución parcial, focalizada y que cuando se deje de llevar adelante dejará a sus beneficiarios a la situación inicial.
   El acento puesto en las ONG y sus ejércitos de tecnócratas y burócratas que se llevan más de la mitad del llamado "gasto social", la inclusión mediante tarjetas cargadas de dinero con la bancarización y posterior creditización, y la regularización de la indigencia (carritos de basura) y de la prepotencia limosnera (cuidacoches) no son sino políticas de laissez faire (dejá hacer) neoliberal y su consecuencia social, el "manejate".

 
Notas
[2] Se puede leer el original en inglés en http://online.wsj.com/article/SB113374845791113764.html.
[3] Ver http://www.henciclopedia.org.uy/autores/Espinosa/Casandra.htm.
[4] El caso más reciente es la amenaza de intervenir en el mercado inmobiliario, tres años después de que la mano invisible haya demostrado no ser muy efectiva controlando precios.

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